Índice EN

2025
Collage, ilustración
Baraja y libro
Proyecto propio

The Cutout Deck

Una baraja de tarot son setenta y ocho imágenes que tienen que significar algo antes de que nadie lea una palabra sobre ellas. Esta renuncia al dibujo y recorta las setenta y ocho de fotografías; y además trae el libro que casi todas las barajas se dejan fuera.

El vídeo Cincuenta segundos, con sonido

Todo el mundo reimprime 1909

Casi todas las barajas de tarot a la venta son un redibujo del mismo original: las ilustraciones del Rider-Waite de 1909. Y no es pereza. Esa imaginería es el idioma común, y una baraja que la abandona deja de ser legible para cualquiera que haya leído otra antes.

Pero la categoría lleva un siglo resolviéndolo igual - mismas escenas, otro ilustrador, otra paleta -, así que el comprador acaba eligiendo solo por estilo y quien lee recibe imágenes construidas con referencias que dejaron de ser comunes hace cien años. La estructura merece conservarse. El dibujo no es la única manera de sostenerla.

Varias cartas de la baraja dispuestas sobre blanco, con su nombre al pie: Strength, The Lovers, Chariot, cada una un collage fotográfico.
Cartas con nombre Strength, The Lovers, Chariot

Recortado, no dibujado

Cada una de las setenta y ocho cartas es un collage fotográfico: figuras recortadas y colocadas sobre color plano, con el objeto del palo integrado en la escena en vez de flotando encima. Los bastos se levantan como postes rojos en un bosque verde. Las copas se alzan como trompetas y vasos sobre un mar azul. Las espadas cuelgan de una pared naranja detrás de una mujer que ha dejado de mirarlas. Los oros llegan enormes y morados, cargados en un sombrero por un campo amarillo.

Las fotografías de partida llegan en blanco y negro. Todo el color de la carta - el bosque verde, la pared naranja, el campo amarillo - se pone después, que es justo lo que permite que una sola paleta sostenga un palo entero.

La fotografía hace algo que el dibujo no puede. Las caras son caras de verdad, cazadas a media expresión, así que quien lee reconoce la situación antes de identificar la carta, que es el orden en el que el tarot debería funcionar y justo el que invierte una baraja redibujada.

El color carga con la estructura. Cada palo mantiene su familia, de manera que una tirada se lee como una forma sobre la mesa antes de interpretar una sola carta.

Collage sobre fondo verde: dos niños recortados con gorra sujetando un poste rojo entre los dos, en un bosque de troncos rojos sobre una loma verde de cuadros.
Bastos Verde
Collage sobre fondo azul: tres figuras recortadas con abrigo tocando trompetas, con copas naranjas flotando encima sobre un mar de trama.
Copas Azul
Collage sobre fondo naranja: una mujer con jersey teja sentada sobre un cubo, con una hilera de espadas turquesa colgadas de la pared detrás.
Espadas Naranja
Collage sobre fondo amarillo: dos niños recortados llenando un sombrero y una cesta con monedas moradas enormes, con más monedas colgando del cielo.
Oros Amarillo

Una baraja para leer, un libro que te lee

El conjunto son dos objetos, y el segundo es el argumento. Casi todas las barajas vienen con un folleto plegado de una línea de palabras clave por carta, que da para consultarlas y no da para leerlas. Aquí el libro es un libro: a book to teach you, a book to guide you, a book to read you.

Eso es también lo que hace que valga la pena el trabajo de los collages. Una baraja vendida por estilo se compra una vez y se queda en un cajón. Una baraja vendida junto a lo que te enseña a usarla se usa, y entonces las imágenes tienen que aguantar que las mires muchas veces, cosa que unas palabras clave dibujadas no hacen nunca y la fotografía de una cara de verdad sí.

Una hilera de cartas boca abajo sobre blanco, todas con el mismo reverso geométrico en azul oscuro.
Reverso Let your intuition do the talking

A qué se reduce

Setenta y ocho imágenes, una decisión y un libro que admite que la baraja no sirve de nada sin él. La estructura es la que ya conoce todo el mundo. Todo lo que va encima está recortado a mano.

Proyecto propio de Bored Jar. Ni la baraja ni el libro están a la venta. Cada carta es un collage original: las fotografías de partida, en blanco y negro, son de banco con licencia, y el montaje, el color y la correspondencia de cada carta con su palo y su número son obra propia. El vídeo abre con una carta del Rider-Waite de 1909, mostrada como la referencia de la que parte el concepto.

Trabajo de diseño